Wed 20 Aug 2008
© Gavilanes
Jovellanos, 7 Metro: Sevilla
Enfrente del Teatro de la Zarzuela y muy frecuentado por el público habitual de la ópera, en Madrid (incluidos Ruiz Gallardones y demás familia), este bar tradicional merecería estar inscrito con letras de oro macizo en una hipotética placa que recogiese el itinerario de la Ruta de la Croqueta. Sí, la primera vez que fui, hace ya lo menos 6 años, mi atención quedó inmediatamente captada por un cartel, bastante rancio, por cierto, que anuncia Especialidad CROQUETAS. No me cupo la menor duda sobre qué pedir, a continuación.
Y podría extenderme sobre los extraordinarios matices que adornan a las croquetas que este bar propone. De hecho, sólo una elemental prudencia me aconseja ser comedido y no aburriros con tal panegírico. Simplemente os aseguraré que, cada vez que voy, cada vez con menos dudas, si cabe, pido lo mismo que pedí aquel día de hace 6 años: Una caña y dos croquetas, por favor. Los que reciben tales peticiones suelen ser unos camareros casi tan vetustos como el propio bar (y digo suelen porque últimamente se detecta una más mayoritaria presencia de público joven, parte del imprescindible relevo generacional que, por mi parte, espero que incluya la transcripción a los que vengan de la receta de ese frito tan español y tan estimulante). El servicio, por lo demás, es amigable y destila siempre una cierta seriedad no exenta de clase que contribuye a granjear mis profundas simpatías por el establecimiento.
Si acaso hubiera algo que objetar, quizás sería el aspecto algo lúgubre que puede llegar a ofrecer si vas fuera de hora (horas son las de comer o cenar -también es restaurante- y las de espectáculos en el teatro de enfrente). Pero ya os digo que incluso eso se puede ver con buenos ojos. Y además, ¿qué mejor que un par de croquetas tranquilas para iniciar cualquier velada? A mí, personalmente, no se me ocurre nada.