© Carlos Gavilanes

Menéndez Pelayo, 17

Este es un espléndido bar procedente de mi época CSIC, época de magníficas comidas y gloriosas fiestas en el piso de un amigo, situado en Narváez, 50. Ideal para tomar lo que la tradición llama ‘aperitivo’, sábados y domingos antes de comer, pero también excelente para las tardes. Decorado con fotos taurinas y deportivas, resalta el amor de los dueños por uno de los clubs de fútbol de Madrid, de cuya plantilla pueden verse diversas fotos, correspondientes a varias etapas. Si no fueran suficientes los recuerdos de la época dorada que cité antes, estos toques de buen gusto deportivo terminarían por convencerme de que se trata de un sitio seminal.

Bueno, y eso sin mencionar que los camareros son rápidos, eficientes y generosos con las tapas, o que tienen botellines de Mahou ‘etiqueta verde’, cerveza a la antigua usanza (de hecho, puede elegirse entre botellín y caña, pero lo normal es decantarse por lo primero, aquí). Y encima la clientela muestra saludables signos de interclasismo, poco habituales en las zonas mas tradicionales del Barrio de Salamanca.

Vamos, que cuenta con todas mis simpatías. Ante esto, la parroquia ‘baldosinera’ tiene que palidecer. Y es que no todo son modas en esta vida. También están los valores eternos. Digo yo.