© Carlos Gavilanes

Jovellanos, 3 Tel. 91 53234 43 Metro: Sevilla

Ultimo descubrimiento acreedor del calificativo seminal, este bar-restaurante se encuadra, con todo merecimiento, en la recién creada “Ruta de la Croqueta”. Pero no son sus croquetas (sin duda gloriosas, por otra parte, aunque algún paladar sesgado pueda criticarlas en función del grosor de su envoltura) lo único que lo adorna. No, ni muchísimo menos, porque este es un bar de pinchos, en la mas pura línea vasca, en el que toda la barra esta llena de exquisiteces (canapés de aspecto y realidad excelentes -mal que pese a algún que otro “juruchero” que frecuenta los locales del Barrio de Salamanca, el Jurucha no es rival de un sitio como el que estamos describiendo). Y, por si fuera poco, aquí hay unas raciones de esas que sólo pueden describirse con gemidos y/o sonidos guturales poco propios de personas tan civilizadas como los lectores de esta guía: cosas como ‘Pimientos de piquillo rellenos de bacalao o de carne’ (mmmmmmmm…), Cebollas rellenas de jamón (con besamel), Bacalao a la vizcaína, Morcilla con Manzana Asada o Souflie de Bacalao. Encima, existe la posibilidad de regar todo esto con un Txakolí de primera magnitud. Impresionante. Así que sería muy moderado si sólo os dijera que es recomendable. Este sitio es imprescindible. Y eso que me lo he pensado bastante antes de incluirlo aquí porque, de tener algún defecto, éste consiste en que su tamaño es reducido, lo cual lo convierte en un reducto para ‘listillos’ (una afluencia masiva de gente podría dar al traste con gran parte de su encanto). Pero uno es así de generoso con sus lectores (a los que tanto quiere, etc).

Ademas, os contaré que el acceso al local no es evidente, porque se encuentra en el interior del edificio del Hogar Vasco (Euskal Etxea) de Madrid, frente al Teatro de la Zarzuela. Según entrais, tenéis que bajar unas escaleritas y cruzar una puerta a la derecha. Estas indicaciones no son triviales, porque un error os podría conducir al restaurante que hay en un piso superior, probablemente aún mas rico, si cabe, pero también sensiblemente más expensivo.

Ah, y una faceta adicional del sitio es que resulta utilizable como restaurante. Aunque de ello no se deriva una mas amplia oferta de platos y raciones, sí es cierto que los clientes sentados en las pocas mesitas que funcionan en ese plan tienen prioridad respecto a los de la barra. Ademas, irse a una mesa da derecho a degustar algunos de los postres, bastante brillantes, del local, como son los bombones de higo o los sorbetes de frambuesa y limón (a elegir, con vodka o con cava) -en particular, el de frambuesa con cava, que probé hace unos días, ha sido para mi una de las experiencias (extra)sensoriales en lo que va de año.

Lo dicho, un sitio glorioso.