© Carlos Gavilanes

General Pardiñas, 21 Tel. 91 575 23 29 Metro: Goya

Como ya digo en algún otro sitio, el barrio de Salamanca sufre en estos momentos la invasión ‘ baldosinera’. Sí, es exactamente el mismo fenómeno que pobló, hace ya algún tiempo, la calle Ponzano y otras cercanas, en Chamberí. Son esos bares de inspiración postmoderna, diseñados a la manera de antiguas tabernas, pero con ejemplares limpieza y pijerío. En los días que corren, si uno quiere poner un bar-res\-tau\-ran\-te realmente ‘a la última’, con serias opciones de ser comentado en la “Guía de la Buena Vida” de El País, hará bien en seguir este paradigma y forrar su bar de baldosines, mejor cuanto mas historiados, sobre los que pintar raciones y precios (altos, en general) con un rotulador. No olvidar tampoco agenciarse un surtidor de cerveza de esos de base metálica, ni poner un mostrador de marmol o sucedaneo. Finalmente, rizara el rizo si ofrece diversos vinos, pimientos de el piquillo y croquetas caseras (no os tengo que decir que esto último, en particular, siempre condiciona muy favorablemente en sus juicios al autor de estas líneas). Pues bien, la ‘Taberna de la Daniela’ es un excelente ejemplo de todo lo que digo. La verdad es que no recuerdo si tienen pimientos, ni vinos, pero todo lo demás lo cumplen con creces. Incluso utilizan un gran despliegue de medios para anunciar su ‘cocido madrileño’, que debe de ser santo y seña de la casa cuando ésta es un restaurante, al mediodía. A todo ello hay que añadir, ademas, una muy variopinta clientela, desde el viejecillo que comprueba con un bolígrafo y una servilleta de papel si la cuenta que le han dado es correcta hasta el menda medio tuerto que me asegura, mirando al viejo, que -no ha visto nada igual en toda su vida-, y que va a haber que venir al bar con calculadora. Muy notable. Ademas, unas excelentes empanadas y unas correctas croquetas (grandes, eso sí, pero algo toscas). Ultimamente han enriquecido algo su carta y han aparecido las mollejas de cordero, pero este tema no esperéis verlo comentado, puesto que no se trata de un santo de la devoción del autor.

Entre los puntos débiles podrímamos citar la presencia de unos camareros a los que sólo un optimista enloquecido calificaría de espabilados, o de amables. Y quizás una clientela que se va empijeciendo cada vez más (mucha señorita de buen aspecto y dudosas maneras acompañada de pánfilo engominado usuario de loden. Pero con una croqueta en la mano uno esta dispuesto a perdonar casi todo, la verdad.