Wed 20 Aug 2008
© Gavilanes
c/ Zurbano, 67
Pequeño bar-restaurante de la zona de Chamberí en cuyo bar, de altos precios y servicio un tanto finolis (ahora os cuento por qué), menudean los personajes de camisas de rayas y gominas capilares, que comentan con aplomo y gracia absolutamente carente de ironía las últimas noticias políticas y económicas que ha publicado El Mundo. Tampoco quiero ser injusto: allí se ven también grupos de personas de aspecto igualmente profesional que degustan coca-colas (o algo peor, que nunca se sabe) mientras hacen previsiones financieras (o qué se yo), calculadora en ristre.
Y os preguntaréis qué hace un fanático del Siroco o del Estocolmo (como yo mismo) visitando un sitio de estas características. Ya me parece oir los comentarios de los típicos listillos: será que hay tías, los unos, seguro que las camareras están buenas, los otros. Pues no. Sólo un tercer grupo, más reflexivo y realista, tendría razón: la culpa es de las croquetas caseras.
Sí, porque aunque cuestan 150 pelas la unidad (al parrot), las croquetas de este sitio son bastante dignas de mención. La verdad es que las sirven de una forma un tanto hortera (van en un platito sobre una servilleta de papel, y las acompañan de otro platito, un tenedor y un cuchillo - ¡!), y están demasiado grasientas, pero su sabor es extramadamente suave, tal que el de unas (hipotéticas) torrijas de jamón, o algo parecido. Muy buenas, vamos. Aunque, por descontado, no igualan las propuestas de las mecas del género.
Así que, teniendo en cuenta el precio, se trata de una frivolidad que, de vez en cuando, no está mal. Hay otras tapas, sí, pero igual que hay otros mundos… (están en este).