Wed 20 Aug 2008
© Carlos Gavilanes
Gonzalo de Córdoba, 5
Este sitio es un mesón mas bien pequeño cuya existencia llegó a mi conocimiento a través de mis amigos de ‘Arthur Andersen’, gente de mucha chaqueta y mucha corbata entre semana, con ciertas pretensiones de ‘ejecutivos’ mas propias de épocas ya superadas (años 80, y tal) que del tiempo que nos toca vivir, y cierto alejamiento de la vanguardia que, en el caso que nos ocupa, no les impide, sin embargo, tener un ojo bastante acertado para las cosas de comer, que son no poco importantes, vamos. El caso es que en este mesón, situado en los aledaños de la Plaza de Olavide, es muy conveniente sentarse en alguna de sus escasas mesas para regalarse con unas chuletitas de cordero lechal con patatas fritas, servidas de manera tosca pero efectiva (que se dice) o unas más que dignas croquetas (en su modalidad pequeñita, que para todo hay clases). Hay más raciones, aunque la verdad es que no proliferan de forma tan aparatosa como en otros sitios. Pero tampoco les hace falta, la verdad.
Finalmente, recuerdo que en mi primera visita, en compañía de los ” arturos” estos, tomamos de postre una Tarta de Santiago bañada (a la hora de servir) con aguardiente incendiado que para qué contaros, colegas. Ah, los camareros son amables y eficientes y los precios no son caros.