August 2008
Monthly Archive
Wed 20 Aug 2008
© Gavilanes
Bernardo López, 11 / Metro: Noviciado
Lugar de Conde Duque que tiene un cierto interés en caso de necesidades tranquilas (primeras -o más avanzadas, que yo no me meto- quedadas con una novia/o -o pre-novia/o-). El tema se presenta en forma de cervecería (con cartel de Mahou -buen presagio- en la puerta). Dentro, uno observa que hay mesitas para zampar canapés o mini-bocadillos, y ese tipo de inventos (aunque obvia decir que uno puede hacerlo igualmente en la barra, pero es que si vas con chica/o y tienes que hablar de cositas…). Como rellenos presentan una amplia variedad de porquerías, aunque yo, despues de probar varios kits de esos que traen de todo un poco, me inclino por la solución clásica del jamón ibérico. El pan está tostado un poco y untado con tomate, lo cual es de agradecer.
Aparte de cerveza, puedes tomar vino de Barbadillo (o sea, algo así como fino joven), vino éste que goza de buena reputación en ambientes sureños (el verano pasado en Sanlúcar los locales con los que estuvimos le tenían bastante aprecio) y que, todo sea dicho, en plan fresquito entra muy bien.
A mi juicio, los canapés no alcanzan el nivel de calidad/originalidad de los del Cervantes de Huertas, pero a cambio este sitio aporta una cierta novedad, refrescante si se tiene en cuenta que el de Huertas ya resulta agobiante, de tan manido.
Wed 20 Aug 2008
© Gavilanes
General Ibáñez Ibero, semiesq. Reina Victoria, 37 / Tel: 91 553 53 23
Está en una zona que yo nunca he frecuentado, pero que aquellos de vosotros que hayáis pasado (o paséis) por un colegio mayor conoceréis como vuestra propia casa.
No es el típico bar de ese área, porque allí abundan más los pafs destinados a universitarios excepcionalmente motivados, con mucho bailecito y mucha miradita furtiva (me refiero a antros tan conocidos por todos como El Punto, Pandau, etc. -hace tantos años que no voy que hasta es posible que les hayan cambiado el nombre, y es que yo ya no soy universitario). En cambio, lo que aquí tenemos entre manos es un bareto en toda la regla (reconozco que no lo creí cuando me lo explicaron por teléfono -tantos son mis prejuicios sobre el sitio donde está). Y, como tal bareto, destaca su bullicio (sano) y sus raciones (especialmente gloriosas).
Vamos a ver, el bar se compone de, digamos, dos ambientes distintos. A un lado, sentados en las mesas, una mayoría de grupos de señoras (¿por qué señoras? me pregunto) enjoyadas y con aspecto de almacenar en sus cabezas unos cuantos litros de tinte capilar (viejas rubias de bote, hablando en silver). Al otro, de pie, la juventud, bregando por un acceso a la barra (el local está llenísimo, incluso -pongamos- un día de diario a las 10 de la noche). Por supuesto, esto no es así literalmente. O sea, que hay unos cuantos fósiles dando caña a la barra y algún que otro jovencillo -sector ennoviado, generalmente- apalancado en una mesa (qué otra cosa os voy a decir, si tengo que reconocer que nosotros nos sentamos -y creo que ninguna de mis acompañantes iba teñida ni disfrutaba de edad avanzada). Visto como un todo, el sitio recuerda un poco al Cairode Ríos Rosas, pero en menos fino y en pequeño, tal vez.
En cuanto al zampaje, primero os diré que las tapas propiamente dichas (es decir, las que te dan gratis, que nadie se confunda con esto) son abundantes, si bien un tanto desiguales, y además cambian con cada caña -tendencia granadina, vamos. Las raciones son tendiendo a seminales. Probé una carne adobada con patatas fritas realmente gloriosa, una sepia a la plancha interesante y unas setas con jamón bastante buenas. Aparte, también había una especie de ensalada de pimientos, o así, en la que no tuve a bien adentrarme demasiado. Con estas cosas, el entorno natural suelen ser las jarrazas de cerveza y de sangría. Ambas cosas (y sus efectos) según lo previsto.
Total, que me parece un sitio muy interesante. Y lo mismo deben de pensar guardias civiles, basureros (aparecen pasadas las 12, cuando el bar aún sigue abierto y aprovechan para hacer uso de él antes de sacar las basurillas y llevárselas) y taxistas (cuando salimos, cerca de la 1 y media, había toda una fila de ellos aparcados enfrente). Si no os da apuro encontraros con todos estos profesionales -a mí incluso me parecen un excelente indicio-, este puede ser vuestro bar de cabecera. Ah, y una mención especial merecen (al menos por la pinta que tienen) los enormes bocadillos de calamares (estáis avisados).
Wed 20 Aug 2008
© Gavilanes
Arapiles, 7 Metro: Quevedo
Este es un asaz entrañable bar situado en los aledaños de la Glorieta de Quevedo, pequeñito pero bien puesto, que se dice, con aires de solera, y tal, y con unos camareros simpaticones (uno de los cuales, indefectiblemente, según mi experiencia, te dice lo que les debes en miles -o sea, 120 son 120 mil, por ejemplo). Ademas, su posición es estratigica, casi a mitad de camino del viaje Quevedo-Malasaña, y también en medio del trayecto Quevedo-Seiscientos, si es que se prefiere. Por ambas razones, lo he visitado muchas veces con cierta merma de mis facultades físicas.
Unico detalle negativo que recuerdo: tendencia a una cierta sobreabundancia de seres convencionalmente encorbatados y debidamente pertrechados de loden. Sea como sea, es ideal para tomar unas cañas y una opción siempre interesante para la media-avanzada tarde.
Wed 20 Aug 2008
© Carlos Gavilanes
General Alvarez de Castro, 24
Se me dio a conocer este sitio en el contexto de un divertido y extremadamente prometedor (pero corto y lamentablemente incompleto) ‘flirt’ que disfruté en compañía de una señorita de exótico nombre. Tal ser tenía la costumbre de residir, por aquel entonces (e incluso toda su vida, si no la entendí mal), en los aledaños de la Plaza de Olavide, de forma que a menudo le venía bien encontrarse con sus amistades en este sitio, tan cerca de casa. Por tanto, conocí este bar por primera vez en su compañía. Vamos, que quiero decir que eso ya me condiciona favorablemente en mi juicio. Mas adelante, con esa señorita ya desaparecida del horizonte (junto con tanta lascivia inútil, por decirlo de manera poética, y tan notables conversaciones sobre película y libro -Parque Jurasico!), tuve la oportunidad de reencontrarme con el Don Latas con motivo del primer partido de la selección nacional del desdichado ‘Clemente’ en el Mundial USA94 (2-2 contra Corea).
El sitio no es ninguna delicadeza gastronómica, pero cumple bien su cometido: Abundan las cervezas y los bocadillos buenos y conspicuos. Las cervezas, de un amplio espectro de marcas y nacionalidades (desde la seminal Pilsner-Urquel hasta la modernilla Coronita, pasando por Kronenbourg o -cómo no- Mahou). Los bocatas, de varios rellenos, de los cuales destacaré el Bacon\&Queso;, mubueno. Ademas, dos pantallas de televisión,lo cual permitía ver el partido cómodamente, terracilla exterior en verano, y un camarero guay que tan pronto te invita a un licorcillo extra como pega botes y pone caras de poseso mientras suena una cinta de “Leño”.
Wed 20 Aug 2008
© Carlos Gavilanes
Guzmán el Bueno, 33 Metro: Argüelles
Hay por lo menos dos en la misma calle, pero el que aquí reseño es el más interesante, fundamentalmente porque es en él en el que se pueden tomar raciones relativamente seminales de Patatas Bravas (nada que ver con los platos engaña-turistas que se gastan en el Callejón del Gato, los supuestos inventores) o de Calamares Fritos (igualmente, nada que ver con la bazofia refrita en sabe Dios qué aceitucho que se sirve en los antros de los aledaños de la Plaza Mayor). Igual que el Nájera, del que esta bastante cerca, es un buen sitio para alimentarse antes de presenciar uno de los célebres conciertos con que nos obsequian de vez en cuando en el Revólver.
El ambiente es majete (sin pasarse, ¿eh?) los fines de semana, y se espesa considerablemente los días de diario. Ah, y no tiene televisión (así que olvidad la idea de presenciar algún partido del Canal+ aquí).
Wed 20 Aug 2008
© Carlos Gavilanes
Gonzalo de Córdoba, 5
Este sitio es un mesón mas bien pequeño cuya existencia llegó a mi conocimiento a través de mis amigos de ‘Arthur Andersen’, gente de mucha chaqueta y mucha corbata entre semana, con ciertas pretensiones de ‘ejecutivos’ mas propias de épocas ya superadas (años 80, y tal) que del tiempo que nos toca vivir, y cierto alejamiento de la vanguardia que, en el caso que nos ocupa, no les impide, sin embargo, tener un ojo bastante acertado para las cosas de comer, que son no poco importantes, vamos. El caso es que en este mesón, situado en los aledaños de la Plaza de Olavide, es muy conveniente sentarse en alguna de sus escasas mesas para regalarse con unas chuletitas de cordero lechal con patatas fritas, servidas de manera tosca pero efectiva (que se dice) o unas más que dignas croquetas (en su modalidad pequeñita, que para todo hay clases). Hay más raciones, aunque la verdad es que no proliferan de forma tan aparatosa como en otros sitios. Pero tampoco les hace falta, la verdad.
Finalmente, recuerdo que en mi primera visita, en compañía de los ” arturos” estos, tomamos de postre una Tarta de Santiago bañada (a la hora de servir) con aguardiente incendiado que para qué contaros, colegas. Ah, los camareros son amables y eficientes y los precios no son caros.
Wed 20 Aug 2008
© Carlos Gavilanes
Antonia Merci, 3 / esquina. Pza. de Dalí, Metro: Goya
Bar no muy grande, ideal para los domingos al mediodía, cuando se pone hasta arriba de gente, en el que sistemáticamente acompañan las cañas con un platillo de gambas (’gambitas’ sería quizas mas apropiado, aunque no por pequeñas resultan menos interesantes, marcad mis palabras).
La cerveza es Mahou de barril (algo que hay que valorar) y la oferta del bar esta en la línea de la tapa que ponen, es decir, marisco, marisco y marisco. A juzgar por cómo es la tapa, cabe esperar grandes cosas, pero yo no he probado nunca. Por lo demás, bastante interesante, sobre todo si se desea una parada intermedia en el viaje de aproximación a bares de propuestas mas sólidas, mas hacia ‘Ibiza’.
Wed 20 Aug 2008
© Carlos Gavilanes
General Pardiñas, 21 Tel. 91 575 23 29 Metro: Goya
Como ya digo en algún otro sitio, el barrio de Salamanca sufre en estos momentos la invasión ‘ baldosinera’. Sí, es exactamente el mismo fenómeno que pobló, hace ya algún tiempo, la calle Ponzano y otras cercanas, en Chamberí. Son esos bares de inspiración postmoderna, diseñados a la manera de antiguas tabernas, pero con ejemplares limpieza y pijerío. En los días que corren, si uno quiere poner un bar-res\-tau\-ran\-te realmente ‘a la última’, con serias opciones de ser comentado en la “Guía de la Buena Vida” de El País, hará bien en seguir este paradigma y forrar su bar de baldosines, mejor cuanto mas historiados, sobre los que pintar raciones y precios (altos, en general) con un rotulador. No olvidar tampoco agenciarse un surtidor de cerveza de esos de base metálica, ni poner un mostrador de marmol o sucedaneo. Finalmente, rizara el rizo si ofrece diversos vinos, pimientos de el piquillo y croquetas caseras (no os tengo que decir que esto último, en particular, siempre condiciona muy favorablemente en sus juicios al autor de estas líneas). Pues bien, la ‘Taberna de la Daniela’ es un excelente ejemplo de todo lo que digo. La verdad es que no recuerdo si tienen pimientos, ni vinos, pero todo lo demás lo cumplen con creces. Incluso utilizan un gran despliegue de medios para anunciar su ‘cocido madrileño’, que debe de ser santo y seña de la casa cuando ésta es un restaurante, al mediodía. A todo ello hay que añadir, ademas, una muy variopinta clientela, desde el viejecillo que comprueba con un bolígrafo y una servilleta de papel si la cuenta que le han dado es correcta hasta el menda medio tuerto que me asegura, mirando al viejo, que -no ha visto nada igual en toda su vida-, y que va a haber que venir al bar con calculadora. Muy notable. Ademas, unas excelentes empanadas y unas correctas croquetas (grandes, eso sí, pero algo toscas). Ultimamente han enriquecido algo su carta y han aparecido las mollejas de cordero, pero este tema no esperéis verlo comentado, puesto que no se trata de un santo de la devoción del autor.
Entre los puntos débiles podrímamos citar la presencia de unos camareros a los que sólo un optimista enloquecido calificaría de espabilados, o de amables. Y quizás una clientela que se va empijeciendo cada vez más (mucha señorita de buen aspecto y dudosas maneras acompañada de pánfilo engominado usuario de loden. Pero con una croqueta en la mano uno esta dispuesto a perdonar casi todo, la verdad.
Wed 20 Aug 2008
© Carlos Gavilanes
Jovellanos, 3 Tel. 91 53234 43 Metro: Sevilla
Ultimo descubrimiento acreedor del calificativo seminal, este bar-restaurante se encuadra, con todo merecimiento, en la recién creada “Ruta de la Croqueta”. Pero no son sus croquetas (sin duda gloriosas, por otra parte, aunque algún paladar sesgado pueda criticarlas en función del grosor de su envoltura) lo único que lo adorna. No, ni muchísimo menos, porque este es un bar de pinchos, en la mas pura línea vasca, en el que toda la barra esta llena de exquisiteces (canapés de aspecto y realidad excelentes -mal que pese a algún que otro “juruchero” que frecuenta los locales del Barrio de Salamanca, el Jurucha no es rival de un sitio como el que estamos describiendo). Y, por si fuera poco, aquí hay unas raciones de esas que sólo pueden describirse con gemidos y/o sonidos guturales poco propios de personas tan civilizadas como los lectores de esta guía: cosas como ‘Pimientos de piquillo rellenos de bacalao o de carne’ (mmmmmmmm…), Cebollas rellenas de jamón (con besamel), Bacalao a la vizcaína, Morcilla con Manzana Asada o Souflie de Bacalao. Encima, existe la posibilidad de regar todo esto con un Txakolí de primera magnitud. Impresionante. Así que sería muy moderado si sólo os dijera que es recomendable. Este sitio es imprescindible. Y eso que me lo he pensado bastante antes de incluirlo aquí porque, de tener algún defecto, éste consiste en que su tamaño es reducido, lo cual lo convierte en un reducto para ‘listillos’ (una afluencia masiva de gente podría dar al traste con gran parte de su encanto). Pero uno es así de generoso con sus lectores (a los que tanto quiere, etc).
Ademas, os contaré que el acceso al local no es evidente, porque se encuentra en el interior del edificio del Hogar Vasco (Euskal Etxea) de Madrid, frente al Teatro de la Zarzuela. Según entrais, tenéis que bajar unas escaleritas y cruzar una puerta a la derecha. Estas indicaciones no son triviales, porque un error os podría conducir al restaurante que hay en un piso superior, probablemente aún mas rico, si cabe, pero también sensiblemente más expensivo.
Ah, y una faceta adicional del sitio es que resulta utilizable como restaurante. Aunque de ello no se deriva una mas amplia oferta de platos y raciones, sí es cierto que los clientes sentados en las pocas mesitas que funcionan en ese plan tienen prioridad respecto a los de la barra. Ademas, irse a una mesa da derecho a degustar algunos de los postres, bastante brillantes, del local, como son los bombones de higo o los sorbetes de frambuesa y limón (a elegir, con vodka o con cava) -en particular, el de frambuesa con cava, que probé hace unos días, ha sido para mi una de las experiencias (extra)sensoriales en lo que va de año.
Lo dicho, un sitio glorioso.
Wed 20 Aug 2008
© Carlos Gavilanes
Menéndez Pelayo, 17
Este es un espléndido bar procedente de mi época CSIC, época de magníficas comidas y gloriosas fiestas en el piso de un amigo, situado en Narváez, 50. Ideal para tomar lo que la tradición llama ‘aperitivo’, sábados y domingos antes de comer, pero también excelente para las tardes. Decorado con fotos taurinas y deportivas, resalta el amor de los dueños por uno de los clubs de fútbol de Madrid, de cuya plantilla pueden verse diversas fotos, correspondientes a varias etapas. Si no fueran suficientes los recuerdos de la época dorada que cité antes, estos toques de buen gusto deportivo terminarían por convencerme de que se trata de un sitio seminal.
Bueno, y eso sin mencionar que los camareros son rápidos, eficientes y generosos con las tapas, o que tienen botellines de Mahou ‘etiqueta verde’, cerveza a la antigua usanza (de hecho, puede elegirse entre botellín y caña, pero lo normal es decantarse por lo primero, aquí). Y encima la clientela muestra saludables signos de interclasismo, poco habituales en las zonas mas tradicionales del Barrio de Salamanca.
Vamos, que cuenta con todas mis simpatías. Ante esto, la parroquia ‘baldosinera’ tiene que palidecer. Y es que no todo son modas en esta vida. También están los valores eternos. Digo yo.
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